Otra vez ‘El cuento de la criada’

El largo proceso de fractura social en Estados Unidos se verá agravado en grado sumo si el borrador de opinión mayoritaria del Tribunal Supremo se aprueba con la versión filtrada por Politico o cualquier otra similar que cancele la vigencia del derecho al aborto a escala federal. Si los jueces remiten la aprobación del derecho al aborto a lo que cada estado decida, más de la mitad de ellos adoptarán legislaciones extremadamente restringidas o pura y simplemente prohibirán la interrupción del embarazo 49 años después de que el Tribunal Supremo la aprobase y de que en 1992 lo ratificase con levísimos retoques de matiz. En las 98 páginas redactadas por el juez Samuel Alito, católico muy conservador nombrado por el presidente George W. Bush en 2005, abundan las argumentaciones inconsistentes y las razones peregrinas para dejar sin efecto medio siglo de jurisprudencia y negar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, mutilada su autonomía personal en cuanto atañe a los derechos reproductivos.

El episodio confirma lo que es evidente a ojos vista: la larga y persistente radicalización del choque cultural entre dos universos incompatibles: el liberal y el que encontró en la presidencia de Donald Trump al líder capaz de hacer efectiva la restauración de un puritanismo blanco, de devolver la Unión a la situación anterior a la Ley de Derechos Civiles firmada por el presidente Lyndon B. Johnson en 1964. La mutación genética del Tribunal Supremo facilitada por Trump, que durante su mandato nombró a tres magistrados de un conservadurismo sin fisuras y dejó reducido a tres el número de liberales, es un reflejo más del repliegue a los orígenes de una sociedad descoyuntada por el cambio de costumbres del último medio siglo, agravada la división durante el mandato de Barack Obama.

La elección de adjetivos infrecuentes en medios liberales como The Washington Post (“terrible y repugnante”) y Los Angeles Time (“mordaz y desdeñosa”) para describir el borrador, o la aseveración de The Guardian según la cual Samuel Alito pretende retrotraer Estados Unidos al siglo XVII, es una muestra elocuente del clima alentado por el borrador, apoyado por la extrema derecha política, por los predicadores fundamentalistas desde los púlpitos de diferentes confesiones y por un sinfín de organizaciones y medios que creen que las elecciones de noviembre deben ser la ocasión para el segundo asalto al Congreso, ahora a través de las urnas. Todo ello mientras se multiplican las movilizaciones de las mujeres, que sienten que quieren mutilarles sus derechos, y aumentan los temores de que los capítulos siguientes que escribirá el Tribunal Supremo afectarán a las pastillas abortivas del día después, a los matrimonios entre personas del mismo sexo y a los derechos de la comunidad LGTBI.

Lynn Vavreck, profesora de la UCLA, sostiene que “las actitudes sobre el cambio cultural y la identidad estadounidense ya han surgido como el principal punto de separación entre las partes”, y añade en el mensual The Atlantic: “Una decisión que revoque a Roe [la sentencia del Supremo de 1973] mantendrá el aborto y otros temas sociales en el centro del escenario y consolidará la transición hacia una política polarizada, centrada en las diferencias culturales”. Es decir, se ampliará la brecha entre las dos corrientes políticas mayoritarias del país y se consagrará la desfiguración del Partido Republicano, consumada su abducción por la extrema derecha desde que el Tea Party y los neocons pusieron las primeras piedras para colonizarlo.

Los términos en los que ambos bandos plantean las elecciones de mitad de mandato en noviembre reúnen todos los ingredientes para escenificar esa división tajante. Puede decirse que el borrador de Samuel Alito ya ha activado los resortes de la campaña y la ha agriado medio año antes del día D. Lo que las encuestas aún no han vislumbrado es a qué bando puede favorecer más lo desvelado por Politico: ¿movilizará más el voto conservador para hacer frente a la reacción demócrata-feminista o la sociedad liberal se pondrá en marcha como nunca para preservar la mayoría en la Cámara de Representantes y luchar por obtenerla en el Senado? Diferentes analistas creen que nadie saldrá especialmente beneficiado por lo que finalmente apruebe el Tribunal Supremo y, en cambio, será muy importante la repercusión que tenga la posible ausencia de votantes de las minorías en aquellos estados que han reformado las leyes electorales para complicar su inscripción.

De momento, cada parte alienta el temor de que la victoria del otro desencadene una catástrofe de efectos imprevisibles. El tono de los mensajes en las redes sociales así lo da a entender; las suspicacias liberales a raíz de compra de Twitter por Elon Musk obedecen al temor de que Donald Trump aparezca de nuevo para difundir a todas horas la llamada posverdad; los discípulos de Steve Bannon ahí están para alentar las pulsiones de la América profunda. Las argumentaciones del borrador han suministrado a estos últimos material de propaganda muy efectivo: el juez Alito considera que el derecho al aborto a escala federal no es admisible porque no se menciona en la Constitución –se remonta al siglo XVIII– y porque no ha arraigado en la tradición y en la historia de Estados Unidos.

Son dos fundamentaciones chocantes, pero ahí están. O acaso no lo sean tanto después de leer El cuento de la criada o de ver la serie de televisión inspirada en el libro de Margaret Atwood. De hecho, una usuaria de Twitter difundió el miércoles un mensaje consistente en una fotografía de la Estatua de la Libertad vestida con la cofia blanca y la túnica encarnada de las criadas del cuento. En la alegoría quizá haya un punto de exageración, pero también una dosis comprensible de incertidumbre ante un futuro oscurecido por la voluntad retardataria de una parte muy importante de Estados Unidos, cada vez más apegada al pasado y más dispuesta a no aceptar otro futuro que no suponga la rectificación en profundidad de cambios sociales que estima hostiles, ajenos a lo que entiende imperecedero.

About Albert Garrido

Albert Garrido. Licenciado en Periodismo. Cursó Historia en la Universitat de Barcelona. Profesor en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y en la Universitat Internacional de Catalunya. Autor de los libros 'La sacudida árabe' y 'En nombre de la yihad'.
Tagged , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Deja un comentario