Adiós a la esperanza

“Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria” (Groucho Marx). El gran cómico fue un artista clarividente a quien las miserias de nuestro tiempo le dan la razón con tanta o más rotundidad que las del suyo. Ahí está el Gobierno cargándose los presupuestos aprobados hace dos semanas para cumplir con los requerimientos germano-bruselenses; ahí está el ministro de Economía, Luis de Guindos, asegurando –grosería extrema y desvergüenza insuperable– que la primera entrega del rescate bancario (30.000 millones) se pone en marcha “sin compromisos adicionales” y en el tránsito de un dolor a un lamento sube el IVA, bajan las prestaciones por desempleo, a los funcionarios les dejan sin la paga de Navidad… y eso es solo el aperitivo de lo que puede venir. Ahí está el presidente Mariano Rajoy subido a la tribuna para anunciar un tajo descomunal de 65.000 millones para los dos próximos años y medio, traducción práctica y a quemarropa de la advertencia lanzada por Angela Merkel como quien no quería la cosa: “No habrá ninguna prestación sin contraprestación”. Ahí está el galimatías de los bancos sin los que no hay forma de salir del atolladero, pero que parten el espinazo de los contribuyentes cuando no cuadran las cuentas y deben ser rescatados, un agravio para la clase de tropa que se suma a la amnistía fiscal para los defraudadores, al castigo infligido a los parados venideros que busquen con poco empeño empleos inexistentes y una larga serie de ofensas que han sido largamente detalladas.

Cuando pasan tantas cosas en tan poco tiempo, casi de un día para otro, la sombra del trabuco de Luis Candelas se proyecta ominosa y delatadora sobre el sistema financiero, la economía global, los marengos mejor cortados y las moquetas más mullidas. Veamos qué sucede de puertas para adentro:

-Bankia está en los huesos y en el juzgado hay una larga lista de imputados.

-Catalunya Caixa, Nova Caixa Galicia y otras hermanas mártires viven sin vivir.

-En lo que llevamos de legislatura, el paro ha seguido su trágica carrera hacia arriba y la actividad económica, su trágica carrera hacia abajo.

-La poda de las finanzas públicas ha adquirido dimensiones grotescas, siempre con la cantinela de que es el camino adecuado para que haya crecimiento, se mantenga el Estado del bienestar y al final seamos un país ahorrador y ejemplar, según las exigencias de los ideólogos de la germanización de Europa.

Evolución PIB

Evolución del PIB de España desde el 2005 comparado con el de la Eurozona. Fuente: Banco de España.

Reacción de alguien tan alejado del reformismo social como Amador G. Ayora, director de El Economista, después de darse por enterado de las medidas anunciadas el miércoles por Rajoy: “Aun así, tengo dudas de que lleguemos a tiempo para restaurar la confianza que hemos dilapidado tontamente en lo que va de legislatura”. Las dudas de Ayora son las de todos: ¿pueden ganarse la confianza de quienes mandan en el negocio los mismos agitprop empeñados en confundir a los ciudadanos?, ¿puede esperarse un atisbo de comprensión por parte de las víctimas de la crisis, que contemplan estupefactas que hay capotillo del santo para los bancos mal administrados, pero no para ellas?, ¿puede alguien pensar en su sano juicio que la tensión social se quedará en leves y esporádicas convulsiones? Que los tecnócratas de la UE aplaudan a Rajoy es el peor de todos los presagios porque nunca los contables estuvieron tan lejos de sus conciudadanos como en este festival de recetas neoliberales que nada curan (obsérvese con detenimiento el caso griego).

Veamos qué sucede de puertas para afuera:

-Barclays se dedicó a manipular el líbor y el euríbor alegremente con el propósito evidente de ganar más dinero sin mayor esfuerzo que promover operaciones especulativas.

-Hace ocho meses se hundió ruidosamente en Estados Unidos el fondo MF Global y ahora lo ha hecho PFGBest, compañía que opera en el mercado de derivados, dirigida por Russell Wasendorf, a quien la autoridad reguladora acusa de haber desviado el dinero de sus clientes. Puede que hayan volado 200 millones de dólares.

-Alemania dispone de dos compañeros de viaje decididos a ayudar siempre que haga falta para complicar –entiéndase endurecer– las condiciones del rescate español y quién sabe de cuántos otros en el futuro. Se trata de Holanda y Finlandia, a las que puede sumarse sin gran esfuerzo Austria.

-El primer ministro del Reino Unido, David Cameron, está dispuesto a hacer lo que convenga para rematar la Eurozona y transformar a la UE en una inofensiva zona de libre cambio que salve a la libra y a la City del ocaso.

Todo esto ha sido publicado en los periódicos y no es ningún secreto de Estado. James Bullard, un ejecutivo de la Reserva Federal de Estados Unidos, ve así el momento: “Una de las cosas que más me preocupan actualmente es que esta crisis opone un mercado que se mueve rápidamente a un proceso que se mueve muy lentamente”.  En The Wall Street Journal, el diagnóstico lleva a Bullard a una conclusión discutible, pero muy extendida: “Está en marcha una desintegración del euro impulsada por los mercados”.

Billete de vuelta a lo que aquí sucede: el presidente del Gobierno debiera ahorrarse la utilización constante del adverbio naturalmente, de expresiones del estilo “como es natural” y de otras estructuras apegadas al lenguaje y la lógica de la derecha, pero alejadísimas de la realidad, como es fácilmente demostrable en los planos teórico y empírico. Nada es natural; todo obedece a una serie encadenada de acontecimientos inducidos por los llamados mercados. Nada es natural porque no lo son el sistema financiero que hay que salvar por encima de todas las cosas, la trapisonda escandalosa de las subprime (2007), el funeral de Lehman Brothers (2008), la rápida nacionalización de bancos para salvar la economía global, los manejos de las agencias de calificación, la burbuja inmobiliaria, las cajas puestas a disposición de a saber quiénes… Nada de eso es natural, siquiera remotamente, salvo que prevalezca alguna forma prelógica de pensamiento. Obedece a los intereses concretos y específicos del universo financiero, que son incompatibles con los del resto del universo.

IPI

Evolución del índice de precios industriales de España desde enero del 2011. Fuentes: Instituto Nacional de Estadística y Marco Antonio Moreno.

El análisis servido por Rajoy se acerca mucho menos a la realidad que la opinión expresada por Martin Wolf en las páginas del Financial Times: “La conclusión obvia es que todos los países afectados por la crisis perdieron en el 2011 cerca de una década de progreso, y hay más malas noticias por venir. De hecho, es muy probable que una fuerte recuperación, caso de que la haya, no será posible durante muchos años. Las posibilidades de que algunos de estos países acaben por perder dos décadas de crecimiento son realmente muy fuertes. Es una historia triste”. Cuando alguien que no es precisamente un neokeynesiano coincide grosso modo con los nobel estadounidenses Joseph Stiglitz y Paul Krugman, que sí lo son, cada uno a su manera, es que el sabor del sopicaldo europeo es el mismo para toda clase de paladares exigentes y no mejora por más explicaciones que den los cocineros.

“Ahora muchos analistas utilizan cada vez más el paradigma de Japón en los 90, los años de crecimiento débil a pesar de que el interés era cero, los años de la deflación. Es el riesgo de una trampa de liquidez” (Antonio Pollio Salimbeni en Il Sole 24 Ore, el diario económico del norte de Italia). “Esto es típico de una dinámica evidente desde el inicio de la crisis, a principios del 2010. Los mercados buscan señales de que Alemania y las demás economías fuertes del euro están dispuestas a comprometer su músculo financiero para ayudar a sus hermanas más débiles, mientras que Alemania y sus aliados se resisten a hacerlo hasta que estén absolutamente seguros de que no escriben cheques en blanco”(Stephen Fidler y Matina Stevis en The Wall Street Journal). “Imaginen lo que ocurrirá si tienen que acudir en ayuda, directamente, de la deuda pública”  (José Miguel Amuedo en Expansión). “Crédito viene del latín creer y nadie cree a los europeos” (José Carlos Díez en EL PERIÓDICO). Y así se podría seguir hasta el aburrimiento o, más probablemente, el desconsuelo.

Paul Krugman ha sintetizado en una sola expresión en The New York Times estas y muchas otras opiniones que se complementan entre sí: “el dolor inútil en España”. Se pueden contar con los dedos de una mano los analistas independientes que creen posible salir del agujero mediante la jibarización del Estado y la institucionalización de la pobreza. La opinión más extendida es que el purgante agravará la recesión, la caída del consumo, la destrucción de empleo y la incapacidad del Estado para hacer frente a sus compromisos. Solo el Gobierno repite ad nauseam que este es el camino para salvar los muebles, que la marca España puede venderse dentro y fuera porque se trata de un país “solvente” y “fiable” –Rajoy dixit–, que el dolor no es inútil y hay que pasar por él cueste lo que cueste. El resto está más cerca de un melancólico pasaje cervantino, contenido en la dedicatoria al conde de Lemos de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que de una reconfortante ensoñación infantil: “El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan”.