Más allá del terremoto

“Déyé món, gen món” dice un refrán en lengua creole: “Tras las montañas, hay más montañas”. Es la expresión del carácter de un pueblo acostumbrado a caminar con el viento en contra. La historia de Haití nunca ha sido fácil. Desde su independencia ha tenido que lidiar con continuos golpes de Estado, inestabilidad política y económica, altos índices de desigualdad y, por supuesto, la amenaza de la propia naturaleza.

Antes del terremoto, Haití ya era el país más pobre del continente americano. En 2009 los indicadores sociales lo situaban en la cola del desarrollo mundial (ocupaba el puesto 149 de 182 países, según el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas). Entonces, el 66% de la población ya vivía con menos de dos dólares diarios y el 56% sufría pobreza extrema. “El terremoto solo agravó la situación, pero los verdaderos problemas existen desde hace más de dos siglos”, explica Antonal Mortime, portavoz de la Plataforma de Organizaciones Haitianas por los Derechos Humanos (POHDH).

“EL TERREMOTO SOLO AGRAVÓ LA SITUACIÓN, PERO LOS VERDADEROS PROBLEMAS EXISTEN DESDE HACE MÁS DE DOS SIGLOS”. –ANTONAL MORTIME, PLATAFORMA DE ORGANIZACIONES HAITIANAS POR LOS DERECHOS HUMANOS-

Esta organización trabaja a diario con los colectivos más vulnerables del país: campesinos, familias sin recursos, mujeres, etc. Personas que no solo se enfrentan a problemas de vivienda, sino también de alimentación, falta de servicios básicos o acceso a la sanidad. “La reconstrucción debe empezar por ellos”, insiste Mortime, “tenemos que empezar por resolver la histórica inequidad social y económica de Haití”.

JALOUSIE, UNA REALIDAD EN BLANCO Y NEGRO

El barrio de Jalousie, al sureste de Puerto Príncipe, reúne muchas de esas necesidades que hoy padece el país. Unos 45.000 haitianos viven en este laberinto de callejones y viviendas apiladas sin electricidad, agua corriente ni redes de saneamiento. Es lo que en francés se denomina “bidonville”, literalmente significa “villa miseria”.

Como desvela una investigación llevada a cabo por el periodista haitiano Milo Milford, este barrio ha sufrido desde siempre el abandono y la indiferencia de las autoridades. La presión popular consiguió que en 2013 el Gobierno se comprometiese a invertir 1,4 millones de dólares, pero solo en sus fachadas. Funcionarios municipales pintaron cerca de un millar de viviendas de brillantes tonos azules, verdes y amarillos. Su lema: “Más belleza, menos pobreza”. En la práctica, sin embargo, la ecuación no fue tan fácil. Como cuenta Louise Mone, una de las vecinas, para solucionar los problemas de Jalousie hace falta mucho más que varios litros de pintura.

“LA PINTURA ESTÁ BIEN, PERO MEJOR QUE ARREGLEN LO DEL AGUA O PONGAN MÁS ESCUELAS”. –LOUISE MONE, VECINA DE JALOUSIE-

“Lo más grave es cuando llueve. Al estar sobre una ladera en pendiente, el agua baja, arrastra la basura y lo inunda todo. La pintura está bien, pero mejor que arreglen lo del agua o pongan más escuelas”, destaca esta mujer de 56 años.

La imagen de la desigualdad: Frente a las miles de infraviviendas que componen el barrio de Jalousie (Puerto Príncipe), se alza el lujoso Hotel Oasis, de cinco estrellas.<br />En 2013 el Gobierno pintó las fachadas de un millar de viviendas de Jalousie, pero la suciedad y los problemas de higiene siguieron allí.
La imagen de la desigualdad: Frente a las miles de infraviviendas que componen el barrio de Jalousie (Puerto Príncipe), se alza el lujoso Hotel Oasis, de cinco estrellas.
En 2013 el Gobierno pintó las fachadas de un millar de viviendas de Jalousie, pero la suciedad y los problemas de higiene siguieron allí.

Según Milo Milford, este proyecto “no es más que una operación de maquillaje para ofrecer una vista más agradable a los ricos clientes del Hotel Oasis”. El periodista se refiere al imponente edificio que se alza justo enfrente de Jalousie. Un hotel de cinco estrellas donde, por 160 dólares la noche, es posible despertarse en una suite de lujo con vistas a esta gran favela haitiana. “La imagen de este hotel es el mejor ejemplo de los dos Haití: el de los ricos y el de los pobres”, señala Milford.

UN PASADO ENDEUDADO

Tuvo que llegar aquel 12 de enero de 2010 para que los problemas endémicos de Haití se hicieran mundialmente visibles, pero estos eran tan antiguos como la propia historia del país. La situación del Haití de hoy tiene sus raíces en 1804, el año en el que se convirtió en la primera nación americana libre de esclavitud, pero también en el único país que ha tenido que pagar a cambio de esa libertad. Concretamente, 150 millones de francos de oro. Esa deuda, contraída con Francia –su antigua metrópoli- se multiplicó con la llegada de nuevos acreedores como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

INFO _ DEUDA _ V5 _ CENTRADA _ OSCURA

Tras el terremoto, gracias a la presión de organizaciones de todo el mundo, la deuda se rebajó en un 65%. Sin embargo, desde 2013, la tendencia ha vuelto a invertirse. La necesidad de fondos para la reconstrucción ha obligado al país a solicitar nuevos préstamos por valor de 370 millones de dólares. Hoy la deuda externa de Haití se sitúa en 1.270 millones, una cifra similar a la de años anteriores al seísmo.

La deuda afecta al control aduanero. Comprar pollo americano es más barato que uno criado en Haití.
La deuda afecta al control aduanero. Comprar pollo americano es más barato que uno criado en Haití.

Esa eterna cuenta pendiente congeló el crecimiento económico del país que, entre otras cosas, se vio obligado a entregar el control aduanero. Hoy comer pollo americano en Puerto Príncipe cuesta 25 gourdes menos que pedir pollo criado en Haití. “Los precios de los productos extranjeros son más bajos que los locales porque apenas hay aranceles. Afecta incluso a un alimento tan básico como el arroz. El americano también es más barato que el haitiano”, critica el analista haitiano Frank Seguy. Haití produce arroz, banana, patata, lechuga, tomate; pero consume el que viene de fuera. Esto a la larga le sale muy caro a este país donde, a pesar de sus altos niveles de pobreza, es habitual encontrar precios desorbitados en cualquier lineal de supermercado. Actualmente un litro de leche cuesta unos 112 gourdes (2,20 euros) y el kilo de arroz, 66 gourdes (1,30 euros). Cifras difíciles de asumir en una sociedad en la que más del 80% de la población vive del empleo informal y el sueldo medio apenas llega a los 250 gourdes al día (5 euros).

El sector agrícola haitiano critica la falta de apoyo del Estado para competir contra los productos extranjeros, sobre todo los que llegan de EE.UU.
El sector agrícola haitiano critica la falta de apoyo del Estado para competir contra los productos extranjeros, sobre todo los que llegan de EE.UU.

A esta frágil economía se suma una fuerte inestabilidad política y una cuestionada gestión de sus dirigentes. Tras independizarse de Francia, Haití fue víctima de sucesivos golpes de Estado, fue ocupada por EEUU durante casi veinte años –de 1915 a 1934- y sometida después bajo la dictadura de los Duvalier. François Duvalier y su hijo Jean Claude gobernaron de 1957 a 1986 con mano de hierro y pasaron a la historia como dos de los dirigentes más sangrientos de la región. Bajo su mandato, la deuda externa se multiplicó por 17,5 pero, lejos de favorecer a la población, el dinero fue utilizado para incrementar la fortuna familiar. Desde entonces, una docena de presidentes se han ido sucediendo en el poder, haciendo de la corrupción una práctica habitual. Ni siquiera el discurso reformista del político y sacerdote Jean-Bertrand Aristide, el primer presidente elegido democráticamente en 1991, fue inmune a las denuncias de malversación. Según el Índice de Percepción de Corrupción 2014, que elabora Transparency International, Haití se sitúa actualmente entre los 15 países más corruptos del mundo.

Todos estos factores, y en especial la falta de estabilidad y control de sus propios recursos, han hecho de Haití un país fuertemente desestructurado y con enormes debilidades para proporcionar los servicios sociales que la población necesita.

Los graves problemas de higiene en Haití

Uno de los principales retos a los que se enfrenta hoy Haití es la higiene. En ciudades grandes como Puerto Príncipe, la falta de redes de saneamiento y recogida de basuras dibuja un paisaje de desperdicios, lodos y agua estancada en cualquiera de sus calles. Esta falta de higiene las convierte en auténticos focos de infección, lo que explica por ejemplo la rápida expansión de enfermedades como el cólera. Como señala Azaad Alocco, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en Haití, “la mayoría de la población no tiene acceso a agua corriente ni red de saneamiento, las casas están muy juntas y no tienen dónde tirar la basura, suele haber desechos humanos en la calle. La extrema pobreza es el factor que hace que se multipliquen las enfermedades”. A principios de noviembre, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) advirtió de que 15 municipios en el oeste y sureste de Haití estaban en alerta roja por cólera. El consumo de agua sin tratar y la falta de higiene son las causas de la transmisión en el 73% de los casos investigados.

Charcos de aguas sucias y basura junto al mercado del barrio de Martissant, al sur de Puerto Príncipe.
Charcos de aguas sucias y basura junto al mercado del barrio de Martissant, al sur de Puerto Príncipe.

“La extrema pobreza es el factor que hace que se multipliquen las enfermedades”. –Azaad Alocco, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en Haití-

La falta de inversión en infraestructuras, sumado a los daños por el terremoto, han convertido a Haití en el único país del mundo donde el acceso a los servicios de saneamiento se ha deteriorado durante los últimos diez años. Actualmente, solo uno de cada tres hogares urbanos está conectado a alguna red de saneamiento (31% de la población), mientras que en áreas rurales no llegan a representar ni la quinta parte (19,2%). El acceso al agua tampoco es sencillo. Aunque un 53% de los haitianos dispone de sistemas mejorados de agua potable, solo el 30% disfruta de ese agua en su propio hogar o a menos de 30 minutos a pie. En las áreas rurales es aún peor, solo un 4% de los habitantes tiene acceso a agua corriente. El resto, como Joseph Canol, deben invertir tiempo y esfuerzo para conseguirla.

Las basuras se acumulan en muchas de las calles de Puerto Príncipe, convirtiéndose en focos de infección peligrosos para sus habitantes.
Las basuras se acumulan en muchas de las calles de Puerto Príncipe, convirtiéndose en focos de infección peligrosos para sus habitantes.

Joseph vive en Grand Grossier, una pequeña localidad rural al este de Haití. Durante años nunca habían tenido problemas, el agua potable llegaba directamente hasta una fuente de la que se abastecían todos los vecinos. Sin embargo, la sequía que lleva afectando a esta zona desde finales del año pasado hizo que la presión de ese agua bajase. Ya no tiene fuerza suficiente para llegar hasta la fuente. A los vecinos de Grand Grossier no les ha quedado más remedio que ir a buscarla unos 20 kilómetros más arriba, en el punto de origen. El pasado abril cavaron un pequeño pozo y, desde entonces, allí se pasan el día intentando arrebatarle a la tierra las pocas gotas que pueden. “El agujero es muy estrecho, por eso solo pueden meterse a recoger el agua las niñas. La van sacando poco a poco con una pequeña pala hasta rellenar una cubeta. Pueden tardar más de media hora”, explica Joseph. Una familia media necesita al día al menos tres de esos cubos, lo que obliga a las niñas a estar varias horas encerradas en ese pozo. “Les da muchos problemas de espalda, pero lo peor es que a veces no se puede sacar casi nada y se vuelven a casa con las manos vacías”.

Estas dificultades hacen que muchos opten por acudir al pozo por la noche. “A primera hora de la mañana el nivel freático está más alto. Mucha gente decide pasar la noche junto al pozo para ser los primeros en conseguir el agua al día siguiente. Es muy peligroso sobre todo para las mujeres”, explica Mercedes López, representante en Haití de la ONG Alianza por la Solidaridad. Esta organización trabaja ahora en un proyecto para hacer una perforación de urgencia y buscar puntos de agua más accesibles.

Vecinos del municipio de Grand Grossier intentan sacar agua de un pequeño pozo cavado por ellos mismos. La fuente de la que se abastecían se secó hace ocho meses.
Vecinos del municipio de Grand Grossier intentan sacar agua de un pequeño pozo cavado por ellos mismos. La fuente de la que se abastecían se secó hace ocho meses.

“La sequía está causando muchos daños. Cuando se activó la alerta en diciembre de 2014 ya era muy tarde para reaccionar”. –Mercedes López, Alianza por la Solidaridad-

“En esta región de Haití –muy próxima a la frontera con República Dominicana- la sequía está causando muchos daños. Cuando se activó la alerta en diciembre de 2014 ya era muy tarde para reaccionar. Además de matar muchos animales y plantas, los pozos de varias comunidades se están secando”, lamenta Mercedes López al tiempo que una de las niñas intenta sacar la última cubeta cuando… ¡Uy! Se escucha a coro alrededor, a punto ha estado de tener un resbalón imperdonable.

Cuando la educación se convierte en un lujo

Solo tiene 15 años pero Joseph lo tiene clarísimo, quiere ser ingeniero. Le encantan las matemáticas aunque reconoce que no es fácil estudiar en casa por falta de espacio ¿No tienes cuarto? Preguntamos. “En Haití ningún niño tiene cuarto”, responde algo avergonzado. Aun así, Joseph Sephte se siente afortunado. “Tengo amigos que no pueden ir a la escuela. Sus padres no tienen dinero. Van por la calle sucios, solo andan buscando hierros para venderlos”.

Escuela pública del barrio de Carrefour (Puerto Príncipe). En Haití el 89% de las instituciones educativas son privadas.
Escuela pública del barrio de Carrefour (Puerto Príncipe). En Haití el 89% de las instituciones educativas son privadas.

Según Unicef, Haití ha hecho avances en el acceso a la educación, especialmente en los primeros años. Hoy el 85% de los niños termina la educación primaria (hasta los 12 años), pero solo el 25% accede a la secundaria. La razón es casi siempre el dinero. “El 89% de las escuelas son privadas y las que son públicas también exigen pagar uniformes, libros y exámenes. A partir de los 14 o 15 años muchos niños dejan de estudiar para irse a trabajar.”, advierte Kevin Novotny, director de Save The Children en Haití.

Jovient Beralis tiene 42 años y nunca aprendió a leer ni escribir. Desde el terremoto hace mucho que no trabaja, vive con sus cuatro hijos en el campo de desplazados de Camp Cano (Puerto Príncipe). Ahora, sin dinero, tampoco puede ofrecerles una educación a ellos.

“Este sistema en el que priman las escuelas privadas fomenta la desigualdad, si tienes más dinero mereces una mejor educación”, critica el director de Save The Children, “El problema no es la falta de sensibilización de las familias, ellas quieren llevar a sus hijos a la escuela; sino los problemas de acceso”.

El desafío de mejorar la sanidad

Hay bastante gente en la sala de espera aunque, según nos indican, el de hoy es un día bastante tranquilo. Por el centro de salud de Martissant pasan unos 170 pacientes al día, casi 5.000 al mes. Solo hay dos médicos de urgencias pero se las arreglan bien, según cuenta Jean Louis Quency, uno de los facultativos. Desde que ocurrió el terremoto trabaja para este centro, puesto en marcha por Médicos sin Fronteras. Es el único público y 100% gratuito de la zona. Tiene sala de curas y trauma, sala de observación para niños y adultos y una pequeña habitación para posibles casos de cólera. Abren las 24 horas, sus servicios son imprescindibles. “Por lo general si la gente quiere atención de calidad en este país tiene que pagar. La sanidad pública casi no existe. En la privada solo la consulta ya cuesta entre mil y dos mil gourdes (entre 20 y 40 euros) y si hay que hacer una operación se debe pagar por el quirófano, el anestesista y el medico. Es carísimo”, cuenta Quency.

Hospital dirigido por Médicos Sin Fronteras en el distrito de Tabarre (Puerto Príncipe),especializado en servicios de urgencias, traumatología y fisioterapia.
Hospital dirigido por Médicos Sin Fronteras en el distrito de Tabarre (Puerto Príncipe),
especializado en servicios de urgencias, traumatología y fisioterapia.

Al margen del coste, lo cierto es que la asistencia sanitaria en este país apenas cuenta con profesionales y recursos. Actualmente solo hay un hospital por cada 500.000 habitantes y 2,3 médicos por cada 10.000. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que menos de 23 profesionales por cada 10.000 personas es una cifra claramente insuficiente para alcanzar la cobertura de las necesidades de atención primaria. Según Azaad Alocco, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras, “en 2014 el Gobierno haitiano invirtió menos de cinco euros por persona en gasto sanitario. Casi el 90% de ese gasto va para salarios, no para medicinas ni infraestructuras. El sector sanitario es uno de los mayores desafíos del pais”.

Interior de la nueva maternidad que la ONG Arquitectura Sin Fronteras ha construido en la localidad de Anse a Pitres, situada en la frontera con República Dominicana.
Interior de la nueva maternidad que la ONG Arquitectura Sin Fronteras ha construido en la localidad de Anse a Pitres, situada en la frontera con República Dominicana.

No obstante, hay aspectos que avanzan como la contención de la prevalencia del VIH/SIDA -que se mantiene por debajo del 2,2% de la población- o la mortalidad materna en el parto. Se calcula que desde principios de los años 90 la cifra se ha reducido en un 43%. No obstante 3,5 de cada mil mujeres pierde la vida al dar a luz en Haití. Principalmente porque menos del 40% de los partos son asistidos por profesionales cualificados.

“Hay aspectos que avanzan como la contención de la prevalencia del VIH/SIDA o la mortalidad materna en el parto”.

En Anse a Pitres, una pequeña localidad haitiana pegada a la frontera con República Dominicana, están a la espera de que se inaugure su nueva maternidad, un proyecto ejecutado por la ONG Arquitectos Sin Fronteras.

Hasta ahora los partos se atendían, en el mejor de los casos, en el mismo centro de salud del pueblo, donde madres y recién nacidos compartían habitación con otros enfermos. No tenían especialistas ni instrumental para operaciones complejas. En caso de tener que practicar una cesárea, la única maternidad de referencia estaba a siete horas en coche o tres en barco. Muchas mujeres optaban por cruzar la frontera para ser asistidas en República Dominicana, pero tampoco era un camino fácil. “La nueva maternidad es muy importante para que las mujeres dejen de cruzar la frontera. Allí no las tratan muy bien, las discriminan por ser haitianas. Además no siempre pueden llegar hasta allí, sin pasaporte pueden ponerles problemas”, comenta Pierre Fils Lamartine, médico de Anse a Pitres.

Robertica ha sido la última en nacer en el centro de salud de Anse a Pitres. Hasta ahora,las mujeres parturientas debían compartir habitación con todo tipo de enfermos.
Robertica ha sido la última en nacer en el centro de salud de Anse a Pitres. Hasta ahora,
las mujeres parturientas debían compartir habitación con todo tipo de enfermos.

Robertica, sin embargo, no ha podido esperar. Nació a las 6 de la mañana en el centro de salud, pesó dos kilos y medio. No fue fácil. La madre empezó con los dolores de parto a las 19.00 horas pero no llegó al centro sanitario hasta las 3.00. Tuvieron que llevarla casi en brazos entre su marido y un vecino, la ambulancia no pudo ir a recogerla porque no tenía gasolina. “Lo importante es que ahora las dos están bien, la niña ha nacido sana”, cuenta el padre orgulloso. Con suerte Robertica será la última niña de Anse a Pitres que tenga que pelear contra la necesidad y la falta de recursos para llegar a este mundo.

Superar la dependencia

La gran mayoría de los proyectos que se han llevado a cabo en los últimos cinco años en Haití -ya sea en materia de salud, educación vivienda o saneamiento – ha sido posible gracias a la colaboración de la cooperación extranjera. El multitudinario despliegue de la solidaridad internacional ha conseguido, por ejemplo, progresos en algunos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio como la reducción de la desnutrición de niños/as menores de 5 años, el impacto de la extrema pobreza, que ha bajado en siete puntos, o la mejora en el acceso al agua.

Punto de venta de galones de agua potable en la comunidad de Onaville (Puerto Príncipe).
Punto de venta de galones de agua potable en la comunidad de Onaville (Puerto Príncipe).

Esta ayuda al desarrollo empezó a llegar por primera vez a Haití a partir de los años 70, pero fue sin duda después del terremoto cuando alcanzó niveles sin precedentes. Tras el seísmo, los estados donantes comprometieron más de 13.000 millones de dólares para desembolsar entre 2010 y 2020. Sin embargo, como destacan desde el Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR) –con sede en Londres- no toda la ayuda repercutió directamente sobre la población. “Casi todos los proyectos fueron coordinados por los países donantes y muy pocos por el propio Gobierno haitiano o entidades locales”, explica su director Dan Beeton.

“Casi todos los proyectos de cooperación fueron coordinados por los países donantes y muy pocos por el propio Gobierno de Haití”. –Dan Beeton, Centro para la Investigación Económica y Política-

Por ejemplo, según datos del CEPR, de los 1,6 mil millones de dólares invertidos por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), solo un 1% fue directamente a empresas haitianas. Igualmente, más del 76.7% de los contratos firmados por la Comisión Europea fue asignado a entidades de la propia UE. Carmen Rodríguez Arce, coordinadora de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID) en Haití, asegura que hubo muchas dificultades a la hora de colaborar con el Gobierno haitiano. “Había problemas graves de debilidad institucional y falta de estabilidad política. El terremoto afectó a toda la estructura del Estado, muchos funcionarios murieron aquel día”. Vincenzo Maiello, técnico de Arquitectura Sin Fronteras (ASF), también insiste en que “las ONG han tenido que cubrir muchos vacíos en este país, aunque no siempre con la coordinación y los resultados que habría que esperar”.

REPOR 3 _ DATOS GENERALES _ NUEVOS COLORES

Al final, más del 80% de la ayuda no se canalizó a través del Estado haitiano por ser débil, pero esto a su vez debilitó aún más el sector público. “Es el clásico caso del huevo y la gallina. Este círculo vicioso genera un fuerte problema de dependencia respecto a la cooperación internacional”, insiste Dan Beeton.

Hugo Gimbernat, jefe de delegación de Cruz Roja Española en Haití reconoce que “se puede haber favorecido una cierta dependencia. Sin duda alguna debemos apostar por una cooperación con el Gobierno y las instituciones haitianas para promover el fortalecimiento del aparato estatal y aligerar poco a poco esa dependencia”. Es lo que demandan expertos como el analista haitiano Frank Seguy. “Haití no tiene capacidad para recuperarse solo, necesita cooperación, pero esa cooperacion debe contar con los haitianos”, defiende Seguy.

Para Vincenzo Maiello de ASF, “la cooperación internacional debe abandonar su principal defecto, el querer vigilarlo y gestionarlo todo, como ha sido después del terremoto. Debe devolver la confianza a los haitianos y fomentar la participación real de la sociedad civil del país. Pero para eso es fundamental que exista una estabilidad política, una contraparte nacional que permita dirigir la ayuda dentro de un marco político de desarrollo”.

“La cooperación debe devolver la confianza a los haitianos, pero para eso es fundamental que exista una estabilidad política”. –Vincenzo Maiello, Arquitectura Sin Fronteras-

Todas las expectativas están puestas ahora en el nuevo escenario post electoral abierto tras los comicios que, después de tres años de retraso, tuvieron lugar el pasado 25 de octubre. La primera vuelta ha dado la victoria al partido en el poder, el Parti Haïtien Tèt Kale (PHTK). Eso sí, ante las fuertes protestas de los grupos de la oposición que acusan al gobierno de fraude electoral. Ahora el oficialista Jovenel Moise y el opositor Jude Celestin disputarán una segunda vuelta el 27 de diciembre para definir quién será el próximo presidente de Haití y el encargado de recuperar una estabilidad imprescindible para el futuro del país.

Carteles de propaganda de las últimas elecciones parlamentarias celebradas en Haití el pasado 9 de agosto.
Carteles de propaganda de las últimas elecciones parlamentarias celebradas en Haití el pasado 9 de agosto.

El reto de la resiliencia

Yonice Laurent repasa de memoria el protocolo: “Lo primero es guardar papeles importantes, proteger a los animales, serrar las ramas de los árboles que hay cerca de las viviendas”. Son las indicaciones que, como voluntario de la Cruz  Roja Haitiana, debe dar casa por casa cada vez que hay una alerta por ciclón. La respuesta ante emergencias como esta se ha perfeccionado y coordinado mejor a raíz de la triste experiencia de 2010. Desde Puerto Príncipe a Anse a Pitres, donde vive Yonice, existe una larga cadena de información con la que se trata de llegar lo antes posible a todos los hogares, bien a través de la radio o mediante personal voluntario. Cinco años después, Haití es más resiliente; o  lo que es lo mismo,  ha aumentado su capacidad para afrontar situaciones límite y sobreponerse a ellas. Aunque el reto aún es largo.

Uno de los nuevos refugios parasísmicos construidos por el Gobierno haitiano a raíz del terremoto de 2010.
Uno de los nuevos refugios parasísmicos construidos por el Gobierno haitiano a raíz del terremoto de 2010.

No basta con crear refugios parasísmicos y mejorar los sistemas de información. Esa capacidad para hacerse más fuertes, para aprender del desastre y salir reforzados también dependerá, como mencionábamos antes, de la fortaleza del Estado, la mejora de los servicios públicos y de una distribución económica más justa. Gobierno y Naciones Unidas definieron 2015 como un punto de inflexión para impulsar el desarrollo del país. Aparte de la reconstrucción, Haití deberá afrontar en los próximos años desafíos como la malnutrición, las dificultades de acceso a la educación y el empleo, las deficiencias del sector sanitario o la prevención del cólera. También, la situación de la mujer. El Índice de Desigualdad de Género (IDH) de Haití lo sitúa en la posición 132 de 187 países.

“Tras las montañas, hay más montañas”, dice el refrán haitiano, y quizá sea ahora el momento de construir los puentes para sortearlas, de demostrar que el suyo no es un Estado fallido, sino un Estado por mejorar.

Mercado informal en una de las calles del centro de Puerto Príncipe.
Mercado informal en una de las calles del centro de Puerto Príncipe.

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