Gobernanza electrónica y Smart Societies

La tecnología nos hace más esclavos de nuestra visión del mundo.

Mila Gascó-HernándezPERFIL Mila Gascó-Hernández es licenciada y MBA por ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas) y doctora por la Universidad Rovira i Virgili en evaluación de políticas públicas. En la actualidad es investigadora en el Instituto de Gobernanza y Dirección Pública de ESADE. Allí es la responsable de la línea de investigación en gobernanza electrónica y como tal, es la investigadora principal de un proyecto sobre interoperabilidad de gobierno electrónico en Cataluña.  Además de ser gestionar o coordinar diferentes proyectos como la 12th European Conference on E-Government, COMPOSITE (Comparative Police Studies in the European Union), dar clases en la Universidad Abierta de Cataluña, donde dirige diversas tesinas y tesis doctorales relacionadas con distintos aspectos de la sociedad de la información y haber trabajado para varias organizaciones tales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, la Alcaldía de Valencia (en Venezuela), la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo, el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, el International Institute for Democracy and Electoral Assistance, el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (para quien participó en la elaboración del Marco Iberoamericano de Interoperabilidad), la World E-Governments Organization of Cities and Local Governments  y ser actualmente parte del panel de jueces de los WeGo Awards o Google.

Su trabajo se centra especialmente en las políticas públicas de transición a la sociedad del conocimiento y la gobernanza electrónica, ¿Cómo valora la actual integración de las TIC en las administraciones Catalanas y Española? No puedo valorar ambas realidades conjuntamente porque los procesos han sido distintos. Cataluña empezó muy fuerte, con un pacto en el año 2001 para la promoción de la sociedad de la información en las administraciones públicas catalanas, firmado por todos los grupos con representación en el Parlament de Catalunya, la Generalitat y Localret. Fruto de este pacto, durante los siguientes años, se hicieron muchas cosas. Se creó, por ejemplo, el Consorcio Administración Abierta de Cataluña o se apostó por las comunidades de práctica al interior de la Generalitat o por la colaboración entre administraciones (por la interoperabilidad). Pero, a lo largo de los años, y a pesar del desarrollo normativo reciente en este ámbito, las actuaciones han ido perdiendo contundencia. A ello han contribuido varios factores, como la baja utilización de los servicios electrónicos o los menguantes recursos para la puesta en marcha de proyectos que implicaban tecnología. Pero, también, la falta de liderazgo político claro y unívoco al que contribuyó especialmente la división, durante el gobierno del tripartito, de las responsabilidades y funciones por lo que se refiere a este ámbito entre dos departamentos, uno encargado del front office (Presidencia) y otro del back office (Gobernación).

La heterogeneidad también ha caracterizado la incorporación de TIC en las administraciones catalanas. Ha habido claros líderes que han apostado claramente por el gobierno electrónico. Ha sido el caso de los Ayuntamientos de Barcelona, Terrassa o Sant Feliu de Llobregat, por poner algunos ejemplos. Ayuntamientos más pequeños han tenido más dificultades (y las siguen teniendo).

 En la Administración General del Estado, el proceso se ha producido a la inversa, por lo menos hasta el año 2011. En los primeros años del siglo XXI había un claro retraso en relación a la incorporación de las TIC para la gestión pública, a pesar de la existencia de islas de innovación y excelencia, como la Agencia Tributaria. Pero, a partir, sobre todo, de finales del primer mandato socialista, y sin un significativo apoyo político pero sí directivo (en concreto, del director general de administración electrónica de aquel momento), empiezan a aprobarse una serie de regulaciones que tienen como objetivo consolidar la administración electrónica en España. Es el caso de la ley 11/2007 de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos o los Reales Decretos que regulan el Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI) o el Esquema Nacional de Seguridad (ENS). El informe que elabora la OCDE en 2011 alaba los esfuerzos de la AGE en materia de administración electrónica y el ranking de gobierno-e que publica Naciones Unidas recoge sus resultados: durante varios años consecutivos España no deja de escalar posiciones. Sin embargo, la demanda de servicios electrónicos ha sido y sigue siendo un importante reto. La brecha que existe entre demanda y oferta sigue siendo amplia. Así mismo, en la actualidad, aunque parece que se siguen haciendo cosas (sobre todo en términos de normas técnicas relacionadas con el ENI), hay incertidumbre sobre cómo se va a seguir evolucionando.

Go Awards

 ¿Cómo se puede acelerar la implantación de los procesos que describe? Estamos en un momento difícil, porque no hay recursos en las administraciones y, desafortunadamente, se piensa que las inversiones en proyectos que implican tecnología son costosas. Lo más importante, ahora mismo, es trabajar en pos de un cambio de cultura en varios sentidos:

1)   La crisis representa una oportunidad. Son muchas las administraciones que han paralizado sus proyectos de administración electrónica. Sin embargo, es ahora el momento de invertir en proyectos de estas características. Hasta ahora, los ciudadanos no exigían que las administraciones públicas fueran eficientes. Pero esto ha cambiado. Las inversiones en TIC contribuyen a la eficiencia y aportan ahorros económicos.

2)   Es necesario innovar… también a la hora de poner en marcha proyectos relacionados con las TIC. En épocas de bonanza económica, se ha priorizado la sofisticación de las herramientas y de los servicios. Puede hacerse más con mucho menos pero eso significa que debemos ser más innovadores, agudizar el ingenio. El otro día, en clase, pedí a mis alumnos que pensaran en proyectos tecnológicos que supusieran una mejora clara en sus organizaciones con un coste bajo. Los que trabajan en el BOE hablaron de la utilización de esquemas XML y de software libre para facilitar la interoperabilidad de los documentos. Los que pertenecían a la DGT de la utilización de tablets en los exámenes de conducir. Nada sofisticado, con costes bastante asumibles y, como explicaban, con unas ganancias tremendas.

3)   Hay que dejar claros los beneficios de estos proyectos… a ciudadanos y a servidores públicos. Para rentabilizar las inversiones pasadas hay que fomentar la utilización de los servicios electrónicos. Hay que poner en marcha políticas de demanda. No hagamos más cuando todavía podemos aprovechar lo que ya hemos hecho. Pero igual de importante es convencer a nuestros funcionarios, a los que tratan día a día con el ciudadano, de que hacer las cosas de manera diferente a la que están acostumbrados tiene beneficios, para ellos y para su organización.

Para mí, en realidad, todo lo anterior es parte de algo fundamental: hay que repensar la administración pública desde la perspectiva de la gestión pública, mucho más que desde la perspectiva. A mi entender, las herramientas electrónicas permiten reflexionar sobre la modernización de la administración pública adoptando un enfoque de gestión.

En su libro el gobierno de un mundo global, da ideas para una globalización positiva, ¿cómo las podría sintetizar? En el último libro del capítulo no hablo tanto de una globalización positiva sino de aspectos que deben tenerse en cuenta para gobernar la sociedad global (de ahí lo de gobernanza global). Entre ellos, hago referencia a:

1)   La necesidad de darnos cuenta de que existe una gran diversidad de actores en el escenario mundial: A pesar de que los estados siguen teniendo un gran protagonismo ya no son las únicas voces.

2)   La creación de un eje eficaz de gobernanza global-local: Se debe saber encontrar el equilibrio entre las decisiones que se toman a escala global y las actuaciones en otros ámbitos del gobierno.

3)  La transformación de las organizaciones gubernamentales internacionales, cuyas reglas de funcionamiento ya no pueden seguir estando regidas por las contribuciones económicas de los actores.

4)   La revisión de la gobernanza del comercio, las finanzas y los movimientos de personas en el ámbito internacional: Debe dejarse, en este sentido, más margen de maniobra a los países en desarrollo.

¿Cree que la gobernanza electrónica generara en un futuro no muy lejano una capa de “piel digital opendata” que los ciudadanos reconocerán como propia? Si me estás preguntando si en un futuro cercano todas las administraciones públicas habrán abierto sus datos, mi respuesta es que, simplemente, no lo sé. Y no lo sé porque con el gobierno abiertos y los datos abiertos puede pasar lo mismo que con cualquiera de los conceptos que a lo largo de los años hemos manejado en este ámbito: se ponen de moda en un momento determinado, algunos ponen en marcha iniciativas bien importantes y muchos siguen como pueden.

Pero, además, porque en el caso de la apertura de datos, creo que no será el ciudadano el que más se beneficie. Es cierto que cuando se abren los datos, se es más transparente sobre todo cuando estos datos son claros y el ciudadano puede interpretarlos y valorarlos con facilidad. Pero, desde mi perspectiva, y más me afianzo en ello cuanto más hablo con administraciones que han abierto o persiguen abrir sus datos, son los llamados infomediarios los que más tienen que ganar con estas iniciativas, por las posibilidades que se les abren para poder ofrecer nuevos servicios.

La red está cambiando la forma de organizarse de los ciudadanos y también la percepción de los estados, ¿La democracia participativa y la e-gobernanza nos hará más libres? Pues no lo sé!!!! No hay resultados contundentes sobre cuál es el impacto real de la incorporación de las TIC a los procesos democráticos. A nivel de participación individual, parece, de hecho, que casi no hay impacto, que la participación individual no ha salido reforzada con la utilización de la tecnología. A nivel colectivo sí que ha habido cambios importantes, sobre todo, porque las TIC (dispositivos móviles y aplicaciones, redes sociales) han disminuido los costes de entrada al mercado político (formación de grupos y/o movimientos políticos, adhesión a los mismos,…) así como han abaratado (en términos tanto temporales como económicos) y diversificado el acceso a las fuentes de información. Quizá, en este sentido, sí que nos han hecho más libres. Sin embargo, también es cierto que, al final, se ha producido una especie de “balcanización” en la red que nos reafirma en nuestras posiciones, que ha sido estudiada por algunos autores. Por ejemplo, seguimos en Twitter, mayoritariamente, a aquellos que piensan como nosotros o nos leemos el diario online que más afín es a nuestras ideas políticas o comentamos en los blogs de aquellos que tienen opiniones parecidas a las nuestras. En este sentido, la tecnología nos hace más esclavos… de nuestra visión del mundo.

Mila ha participado en numerosas conferencias nacionales e internacionales y publicado tanto en español como en inglés. Algunas de sus obras más recientes incluyen:

- Gascó, M. (2013). Open government. Opportunities and challenges for public governance. New York: Springer.

- Gascó, M., Ysa, T. y Fernández, C. (2012). “Variables clave en la gestión estratégica de un modelo de interoperabilidad: ¿Decisiones políticas o cooptación tecnológica?”. XVII Congreso del CLAD.

- Gascó, M. y Jiménez, C. E. (2012). “Open government in Europe: The latest fashion?”. 12th European Conference on E-Government.

- Gascó, M. (2012). “Approaching e-government interoperability”. Social Science Computer Review, 30(1): 3-6.

- Gascó, M. (2011). “Los retos de la colaboración. ¿A qué, si no a eso, pretendemos hacer frente con la interoperabilidad?”. Reforma y Democracia, 49: 185-202.

- Gascó, M. (2007). “Más allá de la ejecución: La necesidad de evaluar las iniciativas de gobierno electrónico”. En Kaufman, E. (ed.). Políticas públicas y tecnología. Líneas de acción para América Latina. Buenos Aires: La Crujía. Pp. 173-199.

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