La ecología 2.0 o la información y las herramientas para sociabilizar en tiempo real en la red son múltiples, aun así la mayoría de ellas requieren de un cierto grado de conocimiento técnico o de la participación de profesionales que sinteticen que significa ese flujo de información.
Carma es el nombre de una aplicación que permite visualizar el nivel de emisiones de las compañías y el comportamiento global de los países emisores. El casual nombre de la APP (hace mención al ciclo de causa y efecto, el que la hace la paga) es el acrónimo de Carbon Monitoring for Action y hace un seguimiento a las emisiones de gases de efecto invernadero de 60.000 plantas de energía alrededor del mundo, consiguiendo con ello ofrecer datos y concusiones sobre la cantidad real de emisiones provenientes de un país, ciudad o compañía generadora de electricidad. El sector eléctrico representa alrededor de un cuarto de las emisiones globales de dióxido de carbono en el planeta y el 40% del total en Estados Unidos. Mediante la herramienta denominada dig deeper se puede llegar a diferentes niveles de detalle deseado sobre cuánto calor o gases son expulsados al medio ambiente.
La aplicación producida por el Centro para el Desarrollo Global, un think thank no partidista con sede en Washington, DC, es seguramente la forma más fácil de averiguar la cantidad de emisiones de gases de CO2. Entre otros datos se puede visualizar las cuatro empresas de energía de China y una de África como las mayores emisores energéticos del mundo, aunque curiosamente las plantas más contaminantes no se encuentran en China.
La idea proviene del ex economista del Banco Mundial David Wheeler. CARMA está diseñado para influir en las decisiones personales y políticas a través de la divulgación de información pública, una estrategia que anteriormente ya tuvo éxito en la reducción de contaminantes tradicionales. Pero esto no parece estar funcionando de la misma manera con los gases de efecto invernadero. A diferencia de los contaminantes tradicionales, el dióxido de carbono es mucho más difícil de separar de la generación de energía de las toxinas más visiblemente destructivas, tales como dióxido de azufre (lluvia ácida) o mercurio.
Curiosamente toda la información que aporta la comunidad científica no consigue forzar una acción global conjunta y eficaz. Teóricos de primer orden como James Lovelock, especulan con que ya hemos pasado la línea de no retorno, y en el contexto actual de crisis se están aparcando, planes y políticas que aun retrasarán más la consecución de un mundo energéticamente libre de recursos fósiles, por lo que nuestra sociedad digital dista mucho de ser sostenible, cuando es evidente que ya tenemos tecnológicamente respuesta validas para cambiar nuestro carma.












