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Las “hipérboles veraces” de Trump

Que los políticos mientan no es nada nuevo. Pero, según Politifact, el 76 % de las declaraciones de Donald Trump en campaña son falsas. Y a esas cifras no había llegado nadie, seguramente, nunca, y menos en unas elecciones presidenciales.

En sus discursos, de media, dice una mentira cada 5 minutos. Y, si no miente, hace acusaciones sin ningún tipo de evidencia real. Por ejemplo, esta semana ha indicado que vio a miles de personas bailar y celebrar en New Jersey la caída de las Torres Gemelas —no hay ninguna prueba de ello—, o su clásica frase sobre que los latinos le aman —aunque, según él, a Estados Unidos los mexicanos sólo mandan violadores, asesinos y ladrones—. También llegó a asegurar que el 81 % de los blancos asesinados fueron víctimas de criminales negros, cuando en realidad sería el 15 %. Este análisis de Polifact se llevó a cabo en 2015 y, preguntado sobre ello, Trump dijo que eran un grupo izquierdista radical (aunque en realidad dependen del diario Tampa Bay).

Michael LaBossiere, profesor de Filosofía en la Universidad Florida A&M, comentó al respecto que Trump ha «perfeccionado la mentira intolerable como herramienta de campaña». El magnate «hace una declaración claramente falsa o incluso absurdamente falsa, que atrae la atención de los medios. Entonces, él se aprovecha hasta que llega el momento de hacer otra», subrayó LaBossiere.

Como él, muchos piensan que sus mentiras y exageraciones son el resultado de una estrategia para llamar la atención y para conseguir votos, como la de muchos otros políticos en campaña. Pero algunos analistas empiezan a darse cuenta de que tal vez se trate menos de una estrategia electoral y más de una verborrea imposible de frenar, fruto de su improvisación e imprudencia a la hora de hablar. Su uso de hipérboles es constante. Sus exageraciones son usuales y, a menudo, no se sabe qué es real o qué es falso o exagerado. En su retórica juega con esos límites, y los sobrepasa constantemente, cada vez más. Tal vez por ello esta semana ha contratado a un escritor de discursos.

Después del atentado de Orlando, sus declaraciones volvieron a ser hipérboles ofensivas, acusando —de soslayo— a Obama de estar feliz por las muertes, o a Hillary de querer que entren más musulmanes radicales en el país. Y esas hipérboles volvieron a revolucionar los medios de comunicación y a incendiar las redes sociales. Sin embargo, un par de días después, y ya contratado el logógrafo, sus primeras palabras sobre el atentado ya fueron para las víctimas y sus familias, y con las que —por primera vez en semanas o meses— mostró humildad (pidiendo un minuto de silencio en su último discurso en New Hampshire). A continuación, volvieron los insultos y las exageraciones semánticas.

Como lo calificó el escritor colombiano, Heriberto Fiorillo, en su columna de opinión en El Tiempo, «Trump está aplicando a su campaña electoral su propia filosofía de la ‘hipérbole veraz’», filosofía que le ha guiado en todos sus negocios, y que describió con detalle en su libro bestseller, The Art of the Deal (1997), en el que apunta que «una pequeña hipérbole nunca hace daño». «La gente quiere creer que algo es lo más grande, lo mejor y lo más espectacular», escribía. «Yo lo denomino hipérbole veraz. Es una forma inocente de exageración y muy efectiva de promoción».

En un libro sobre él, aparecido en 2014, Robert Slater le entrevistó y siguió en sus viajes durante muchas semanas. En una de sus observaciones, indica que «para definirse a sí mismo, Trump utiliza la expresión ‘hipérbole veraz’. Ello es así porque el rasgo que más le caracteriza es su deseo de dar a conocer a todo el mundo que es el mejor y el más inteligente, y así atraer la publicidad sobre sí mismo […] En definitiva, mientras los demás venden, él vende y se vende, y es precisamente esta capacidad la que constituye la clave de su éxito».

Es decir, el uso de la exageración ya era aceptado por el candidato desde hace años, para manejar las relaciones con varios stakeholders como la prensa, clientes y proveedores. Y se pueden identificar algunas ideas claras:

  1. «Piensa en grande». Según Trump, la gente en general no piensa en grande, tiene miedo a hacerlo, pero le gusta seguir a la gente que sí lo hace, y él siempre cree que es el mejor en todo y todas sus ideas, planes y propuestas son las mejores, y punto.
  1. Cómo manejar a la prensa. «Algo que he aprendido de la prensa es que siempre tiene hambre de una buena historia, y cuanto más sensacionalista, mejor…». El punto es que, si eres algo diferente, algo irreverente, o dices cosas que causan controversia, la prensa hablará de ti.
  1. La mala prensa sigue siendo mala prensa.
  1. Cumple lo que prometes. «No puedes mentir a la gente, al menos no durante mucho tiempo. Puedes emocionar a la gente, promover todo tipo de cosas en la prensa e incluso, lanzar una hipérbole, pero si no cumples lo que prometes, la gente se dará cuenta».

Las hipérboles son, por su definición, mentiras. Lorca decía «por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero», y no era cierto. Sin embargo, para Trump, pueden haber hipérboles veraces: las suyas. Y son esas frases —aunque no sean ciertas— las que le dan presencia y visibilidad en pantallas y redes…, y las que le pueden llevar a Washington en noviembre.