Buscando el voto latino desesperadamente

En las elecciones de 2012, el 71 % de los votos de los ciudadanos latinos de Estados Unidos fue a parar a los demócratas. El candidato republicano, Mitt Romney, sólo obtuvo un 27 % (en 2004, fue un 44 %). Este voto latino, cada vez más numeroso (en Estados Unidos hay 54 millones de latinos, y subiendo), hace que sea un potencial público importantísimo a la hora de decidir el próximo o la próxima Presidente, no sólo en votos sino también en donaciones. De hecho, en 2012, el 72 % de los votantes fueron blancos, el 13 % afroamericanos, el 10 % latinos (eran el 9 % en 2008 y el 8 % en 2004) y el 3 % asiáticos. Se trata, pues, de una población que crece y que tiene cada vez mayor importancia. Además, en algunos estados como Texas o Nuevo México, pero también en algún otro, pueden hacer decantar los votos para uno u otro partido.

Cada mes, 50.000 latinos cumplen 18 años pudiendo ejercer su derecho a voto. Pero lo importante no es sólo su poder potencial, sino que ya han entendido que tienen ese poder como comunidad. En una reciente e interesante entrevista en el Hispanic Council, Ricardo Ernst, Director General del Latin American Board y profesor de Operaciones y Logística Global de la Escuela de Negocios McDonough de Georgetown University, decía que está seguro de que la comunidad hispana de Estados Unidos es consciente de su poder en el ámbito político y económico del país. Como indica Ernst, «un fenómeno interesante es que los hispanos en EE.UU. han dejado de identificarse tan estrechamente con sus países de origen y adoptan una postura más ‘regional’ (se consideran hispanos).  Esto trae consigo consecuencias pues los hispanos tienen una influencia cada vez más creciente como grupo (hoy son el 17 % pero se espera serán el 25 % para el 2050)».

La estrategia de los candidatos y de ambos partidos está clara: intentar acercarse a ellos, con cada vez más candidatos latinos o de procedencia latina.

Por parte del partido republicano, el primer candidato latino en presentarse fue Ted Cruz, el 23 de marzo. Cruz, de 44 años, tiene una corta pero intensa carrera política; obtuvo su escaño en el Senado por el estado de Texas en el año 2012 ―convirtiéndose en el primer senador hispano elegido por este estado―, pero es duro con la inmigración, y está apoyado por el Tea Party. Es uno de los candidatos más conservadores en estas primarias, según la prensa.

El otro gran candidato latino es Marco Rubio, senador por el estado de Florida desde el año 2010, cuando, gracias al apoyo del ala conservadora del Partido Republicano, el empujón del Tea Party y el financiamiento de Americans for Prosperity ―la fundación de los hermanos Koch― le ganó una ceñida elección al exgobernador y favorito Charlie Christ. Desde ese entonces, su escalada dentro del Partido Republicano fue meteórica. Joven, carismático y dueño de una oratoria excelente, fue bautizado por algunos medios como «el Obama republicano». Es mucho más abierto que Cruz sobre la inmigración (aunque ha reculado mucho desde 2013) y tiene una imagen impecable.

La tercera opción republicana para los latinos no es precisamente un latino, sino Jeb Bush. Sin embargo, el exgobernador de Florida habla fluidamente el español y está casado con una mexicana.

Por primera vez, en el Partido Republicano parece que hay opciones de dotar al público latino de pequeños guiños como forma de acercamiento, algo aún complicado, a tenor de los resultados electorales de los últimos años.

En el Partido Demócrata lo tienen bastante mejor, aunque existe una gran preocupación, en primer lugar por Marco Rubio, como ya explicaba en un post, y por la posible pérdida de Florida; y, en segundo lugar, por ese acercamiento latino de los republicanos que puede lograr cambiar el sentido de los votos de la comunidad latina en las elecciones de noviembre de 2016.

Las soluciones, por ahora, parecen ser dos. La maniobra de Barack Obama de volver a las relaciones diplomáticas con Cuba puede ser un fuerte espaldarazo para el voto latino a los demócratas, especialmente en Texas, aunque ―tal vez― también pueda significar la pérdida del voto latino de Florida, con grandes lobbies a favor de mantener el bloqueo a la isla cubana.

Por otro lado, se busca candidato vicepresidencial latino para Hillary Clinton, la gran favorita. Según The Daily Beast, el mayor ―y único― candidato es Julián Castro. Un popular alcalde de San Antonio, de origen texano y muy estimado sobre todo entre los mexicanos y mexicano-americanos, un subconjunto que representa cerca de dos tercios de los aproximadamente 54 millones de latinos en Estados Unidos.

El voto latino será básico en las elecciones de 2016, y ambos partidos buscan sus votos.