Donald Trump o el síndrome del objeto brillante

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A menudo estamos en nuestro trabajo y, de repente, guiados por un banner, una imagen interesante, un enlace en un correo electrónico… navegamos por Internet, de página en página, viendo cosas que nos parecen interesantes pero que hacen que no sigamos con nuestra labor, que nos distraigamos. En marketing, ese objeto brillante suele ser un nuevo producto, una nueva tecnología, que hace que queramos tenerlo. Todo el mundo navega de repente por esas páginas, o mira ese vídeo viral, o quiere comprar ese producto. Pasada la “fiebre”, volvemos a nuestro trabajo, a ver los vídeos que solemos mirar, y a usar los productos que ya tenemos.

Algo parecido comentaban la pasada semana en The New York Times sobre la actual campaña estadounidense de 2016. Explican como ya en 1962, el historiador Daniel Boorstin analizó cómo la sociedad estadounidense y su opinión publicada se fijaban más en elementos pequeños a la hora de crear temas de interés. El caso más paradigmático fue la campaña de 1988 de George Bush Sr. contra Michael Dukakis. En esa campaña el objeto brillante fue –en negativo- Willie Horton, un preso fugado que sirvió para furibundos ataques a Dukakis en materia de seguridad. Si la televisión ayudó como nunca a crear “objetos brillantes”, Internet ha multiplicado exponencialmente sus efectos. Cualquier cosa, por ínfima que sea, puede tornarse en clave para una campaña, a la hora de crear contenidos, informaciones, pasar a la prensa y, de ahí, a ser tema de conversación en los hogares de los votantes.

En esta campaña de primarias republicanas, el objeto brillante es por ahora claramente Donald Trump. Aparece en todos los medios, se habla de él en todos sitios, se esperan con ansias sus presentaciones públicas o sus declaraciones… Y el resto de candidatos solo puede esperar y seguir trabajando, aunque han aumentado las declaraciones más conservadoras para intentar igualar a Trump. Todo mientras analistas y consultores entrevistados vaticinaban una y otra vez –algunos aún lo hacen- que tarde o temprano se terminaría su historia de éxito, como ocurrió en 2008 con Sarah Palin (pasó de acaparar todos los medios a ser una mala idea como candidata a vicepresidenta).

De hecho, la mayoría de los observadores y analistas políticos decían que Trump se hundiría pero que mientras tanto le iba perfecto a Hillary, ya que mientras todos hablaban de él nadie la criticaba a ella, y podía continuar con su campaña tranquila a las primarias demócratas.

Pero, ¿y si Trump no fuera sólo un objeto brillante? Para empezar, tiene ya una valoración positiva del 63% (Hillary sólo del 44, Obama del 46). Desde que anunció su candidatura a las elecciones presidenciales, Trump ha escalado rápidamente en las encuestas dentro del partido republicano, sobre todo en Iowa y New Hampshire. Ahora, por primera vez desde su postulación, según la última encuesta de CNN/ORC, ya es lo suficientemente competitivo para ser elegible en las elecciones. Según la encuesta, Clinton está por encima de Trump por solo 6 puntos. En julio,  Hilary le llevaba 16.

Trump brilla en la actualidad, pero ¿el brillo durará mucho tiempo o ha venido para quedarse? En los próximos meses veremos si el brillo es tan intenso que se quema, o si por el contrario se mantendrá iluminado durante toda la campaña presidencial.

 

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Fotografía CC de Gage Skidmore.