El amor triunfa. El matrimonio igualitario en campaña

Durante toda la historia de los Estados Unidos ha existido represión contra el movimiento homosexual, una represión que no tuvo reivindicación organizada hasta los años 60, dentro del movimiento por los derechos civiles. A finales de esa década, el 28 de junio de 1969, tuvieron lugar los hechos de Stonewall, cuando la policía asaltó un bar neoyorkino donde se servía alcohol a homosexuales derivando en actos violentos, cuya resistencia se conmemora desde entonces cada 28 de junio, con el “día del orgullo gay”.

46 años después, el día del orgullo gay de 2015 se ha conmemorado más que nunca, celebrando la decisión judicial de considerar constitucional el matrimonio entre gays y lesbianas. El héroe de este éxito, hasta ahora anónimo, ha sido Jim Obergefell, que llevó a litigio a algunas autoridades de su Estado, Ohio (uno de los 14 Estados que no reconocía el matrimonio gay), por no reconocer la boda que contrajo con su pareja en Maryland (donde sí es legal). Al morir su marido, aquejado de esclerosis, Ohio no los quiso considerar como casados en el certificado de defunción. Ofendido por ello, la larga batalla judicial terminó el pasado 26 de junio, cuando 5 de los 9 jueces del Tribunal Supremo decidieron que no era justo (los 4 liberales y el magistrado más neutral, Anthony Kennedy). Obergefell es el hombre cuyo liderazgo “ha cambiado el país”. Así se lo reconoció telefónicamente el Presidente Barack Obama.

El camino por la conquista por la igualdad de derechos ha sido largo desde los años 60, pero sólo desde el año 2003 empezó a ver sus frutos, con la extensión de la unión entre parejas del mismo sexo por 36 de los 50 Estados americanos -el primero de ellos, Massachusetts-. Esta decisión judicial ha sido un nuevo hito en esta lucha, ejemplificada su importancia con este tuit de Barack Obama tras conocer el fallo de los nueve jueces de la Corte: «Hoy es un gran paso en nuestra marcha hacia la igualdad. Las parejas gays y lesbianas ahora tienen el derecho de casarse, como cualquier otro #LoveWins”».

Con todo, el veredicto fue recibido de forma muy dispar por los candidatos a las elecciones de la Casa Blanca de 2016.

Por parte de los republicanos, mucha indignación, especialmente en los más conservadores, como Santorum, que criticó al Supremo, dudando de su capacidad para decidir. Jindal y Huckabee también fueron críticos, defendiendo el carácter católico del matrimonio. Más neutral se mostró Jeb Bush, pero, sin duda, lo que más ha sorprendido han sido las palabras de Marco Rubio diciendo que el Supremo es independiente y sabio, y que hay que acatar su decisión.

En cambio, para los demócratas, la decisión ha sido todo un triunfo, ya que algunos de sus candidatos, como Hillary y O’Malley, habían incorporado la cuestión de los derechos homosexuales en su discurso de campaña. De hecho, Hillary volvió a publicar su insignia de campaña con los colores de la bandera gay, y afirmó que estaba «orgullosa de celebrar una victoria histórica por el matrimonio igualitario —y el coraje y determinación de los LGBT americanos quienes lo han hecho posible. -H—».

Probablemente este tema puede incidir en la campaña electoral, espoleado por la Iglesia y, tal vez, movilizar a los más conservadores del país. Por su parte, Obergefell y una imagen con él puede convertirse en un preciado “tesoro” electoral para cualquier candidato demócrata. En cualquier caso, veremos.