Hillary, la defensora

Hillary Clinton se presentaba el pasado domingo, a través de un vídeo colgado en las redes sociales, como candidata demócrata a las elecciones presidenciales que tendrán lugar en noviembre de 2016. Quedan muchos meses aún, siquiera para imaginar cómo será su campaña, que tal vez varíe dependiendo de quienes sean sus adversarios, tanto demócratas como republicanos.

Sin embargo, sí que sabemos el lema que está usando hasta ahora: «I’m running for president. Everyday Americans need a champion, and I want to be that champion», que su cuenta en Twitter, una hora después, tradujo en español como «Estoy postulándome para presidenta. Todos los estadounidenses necesitan un defensor. Yo quiero ser ese defensor.»

De hecho, la palabra «champion», en inglés, tiene 5 acepciones, y la que más se adecúa a la realidad de Hillary es la cuarta: «una persona que lucha a favor o defiende cualquier persona o causa». Pues, en caso de ganar, tendrá que defender las conquistas logradas por Obama ante un Congreso ampliamente dominado por el Partido Republicano, en un contexto aún de crisis económica y social.

La palabra «champion» la había utilizado ya el candidato a gobernador en Georgia, Jeff Chapman, en 2010. Pero nadie más la ha vuelto a usar en campaña. Resulta algo novedoso, ya que ser defensor de algo podría percibirse como ser conservador, sin embargo ―en este caso―, al igual que en el de Chapman (su lema era «defensor de tus derechos»), la idea era establecer una metáfora sobre aquello que se quería defender. No se trata de lograr más derechos, sino de mantener y asegurar los que ya tiene la ciudadanía; de que no empeoren sus condiciones de vida; de que aún puedan tener la esperanza de que, con un país que defienda sus derechos, pueden lograr sus metas y alcanzar sus sueños.

Los lingüistas cognitivos George Lakoff y Mark Johnson, en su libro Metáforas de la vida cotidiana, descubrieron que la metáfora no es simplemente una cuestión del lenguaje, sino que «impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción […] La manera en que pensamos, lo que experimentamos y lo que hacemos cada día es, en gran medida, cosa de metáforas». No somos conscientes, pero éstas moldean nuestro pensamiento, guardan un poder simbólico capaz de estructurar lo que pensamos, decimos, hacemos y sentimos.

En el caso de Hillary, los mentores de su campaña han jugado con la ambigüedad lingüística de la palabra «champion», porque si bien el término puede referirse a la defensa de una causa, también ―y probablemente es el sentido que primero ha venido a la mente de los norteamericanos― remite al ámbito deportivo, a la competencia.

La diferencia con la derrota de 2008, sin embargo, es que Hillary ya no es la campeona, ni lanza las campanas al vuelo. Quiere, y así lo ha demostrado con su vídeo electoral y sus primeros pasos en la campaña, dar protagonismo a las personas, escuchar qué necesitan y qué vidas quieren en el futuro, defender su posibilidad de tener esperanza. Esa es la defensa de la que habla. Quiere ser la campeona en esa defensa, la cual es, además, la base prioritaria de los votantes demócratas, aquellos que en su día fueron a votar a Obama y que, en las últimas elecciones, se quedaron en casa.

La defensa que ofrece Hillary es la de los derechos de la clase media, de mujeres y de las minorías, especialmente afroamericanos y latinos. La política, finalmente, va dejando atrás las metáforas asociadas al cambio o a los conflictos para adoptar otras que nos remiten a otra clase de ideas. Ideas que también suponen una competencia, donde hay un ganador y un perdedor, pero que buscan asociarse a las necesidades de cada votante que irá a las urnas a ejercer su voto. La de defensora es la metáfora de defender con uñas y dientes los derechos que tantos años han tardado en conseguirse, que son los derechos ―educación, sanidad, igualdad―que permiten a los estadounidenses seguir creyendo que podrán prosperar en la vida, o que lo lograrán sus hijos. Sin esos derechos, jamás lo conseguirán. Esa es la metáfora en la que quiere incidir el equipo de Hillary. Sólo con ella, con Hillary, será posible no ver recortados los derechos, ni los sueños y esperanzas.

Lakoff y Johnson también sostenían que «si se introduce en el sistema conceptual, en el que fundamentamos nuestras acciones, una nueva metáfora, se puede alterar el sistema así como las percepciones y acciones a las que da lugar el mismo. Muchos de las cambios culturales nacen de la introducción de conceptos metafóricos nuevos y la pérdida de otros viejos». Las metáforas, además de conceptualizar lo ya existente, tienen el poder de cambiar la realidad. No podemos saber si el discurso político está cambiando la política o si es la política la que está cambiando el discurso político y la forma de hacer campaña, pero sí que el equipo de Hillary lo está intentando, y parece estar haciéndolo bien, buscando adecuarse a las necesidades de su público y de sus potenciales votantes.