A la búsqueda del voto exterior

En las elecciones estadounidenses del año 2000, Al Gore (que se jugaba la presidencia contra George W. Bush en el reñido recuento del estado de Florida) hubiera sido Presidente, y ganado las elecciones —por 202 votos—, si sólo se hubieran tenido en cuenta los votos de los ciudadanos que viven en Estados Unidos. Sin embargo, al contar los votos llegados de fuera del país, la victoria fue para Bush. De hecho, una gran investigación de The New York Times demostró que, en el equipo republicano, el objetivo era simple: conseguir contar y dar por buenos el máximo número posible de votos en el extranjero en los condados ganados por Bush (particularmente de aquellos con una alta concentración de votantes militares), mientras que,a la vez, se intentaba descalificar los votos en el extranjero en los condados ganados por el vicepresidente Al Gore. El estudio del diario muestra que los republicanos se salieron con la suya.

Este es sólo un ejemplo, tal vez el más claro, de la importancia del voto de estadounidense en el extranjero en las elecciones norteamericanas. De hecho, desde 2006, los votantes fuera del país han inclinado tres estrechas elecciones al Senado: en Alaska, Virginia y Minnesota.

Hay, aproximadamente, 4,7 millones de estadounidenses que residen en el exterior y estar cerca de ellos y conseguir que voten es vital. Pese a que el mayor número de ellos vive en el continente europeo, se ha observado un gran aumento en la última década en Oriente medio y en Afganistán, sin duda debido a los conflictos bélicos. Si nos basamos sólo en países, 1.100.000 viven en México, seguido por Canadá (365.000), Reino Unido (221.000), Francia (175.000), Israel (134.000), Alemania (102.000) o Australia (100.000). Estos países, como hace una década, siguen representando aproximadamente el 52 % de la población estadounidense en el extranjero.

Todos ellos podrían votar si quisieran. Sin embargo, pocos lo hacen. En 2012, sólo un 12 % participó en las elecciones. Son números bajos pero importantes, especialmente en elecciones reñidas o en Swing States, donde cada voto cuenta. Es por ello que las plataformas de voto exterior del Partido Demócrata y del Partido Republicano luchan por conseguirlos, poniéndose en contacto con empresas en el extranjero para comunicarse con sus trabajadores, e intentando crear comunidades, para lograr acercarse a ellos y que vayan a votar.

La gran mayoría de esos ciudadanos son empresarios o personas que están fuera por negocios, así como militares. Ambos grupos suelen inclinarse más por el voto republicano. Es en el colectivo de los militares donde se nota más, ya que se calcula que el 70-80 % de los estadounidenses que votan fuera lo hizo por los candidatos republicanos (aunque en Estados Unidos, «sólo» el 60 % de los veteranos vota por los conservadores). En 2012, eran 480.000 soldados y personal militar o de apoyo, a los que hay que incluir, en ocasiones, a sus familias.

También Israel es un granero de votos para ellos. En ese mismo año, de los 80.000 estadounidenses que vivían en Israel, el 80 % de los votos fue a Romney.

En el caso demócrata, Democrats Abroad es el brazo oficial del Partido y se ha representado en la Convención Nacional Demócrata, desde 1976, como un «estado» virtual con 20 votos de los delegados. Desde su sede de Londres, coordinan los esfuerzos mundiales para «localizar» a nuevos votantes de fuera de Estados Unidos. En el caso republicano, en cambio, Republicans Abroad apoya al Partido Republicano en 50 países, aunque no es un afiliado. Cada país busca sus propios votos dentro de la comunidad estadounidense.

En cualquier caso, cada voto cuenta, esté donde esté. Ambos partidos lo tienen cada vez más presente, aunque seguramente deberían ser los republicanos quienes más conscientes fueran del gran efecto electoral que podrían tener en las elecciones de 2016.