A la izquierda o a la derecha. La falta de centralidad como problema

2012 Golden Goggle Awards

Donald Trump gana en todas y cada una de las encuestas, no sólo para ser el candidato republicano final en las elecciones de noviembre de 2016 sino también como vencedor en las primeras primarias: Iowa y New Hampshire, con lo que significa para su candidatura el aparecer en todos los medios como el ‘gran’ candidato. Siempre va seguido de los candidatos Carson, Bush y Rubio (normalmente en este orden).

Es precisamente el resultado de las encuestas lo que está empezando a preocupar, tal como indican en The Washington Examiner, al propio Partido Republicano. Han visto como Trump ha desafiado lo que muchos creían que eran leyes inmutables del universo político. Primero, pensaron que Trump no se presentaría. Cuando lo hizo, creyeron que los votantes no tomarían en serio a una pintoresca estrella de la televisión. Después, consideraron que sus meteduras de pata acabarían con él como ya ocurrió con otros candidatos. Pero nada, absolutamente nada, ha resultado como se esperaba.

Trump es conservador, pero tal vez demasiado alejado de los estándares del Partido. Esto está haciendo que el resto de candidatos deban girar, en sus argumentarios y propuestas, hacia la derecha para igualar sus propuestas. En primarias pueden hacerlo, pero todo lo que digan ahora afectará, y mucho, al candidato ganador ―en caso de que no sea Trump―. Es por ello que desde la cúpula republicana entienden que radicalizar el discurso de los candidatos puede hacer mucho daño cuando empiece la campaña final a la Casa Blanca. Le sucedió a Romney en 2012, cuando su discurso tuvo que contentar a los seguidores de Santorum, y a otros conservadores radicales, lo que en campaña le resultó una losa.

Curiosamente, algo parecido ocurre en el Partido Demócrata. Hillary Clinton, pese a seguir siendo la más firme candidata, especialmente después del primer debate de la semana pasada, tuvo con el senador del estado de Vermont, Bernie Sanders, de 74 años, un problema en el discurso. Sanders, el segundo favorito en las encuestas demócratas, llevó su discurso hacia la izquierda, lo que hizo que fuera Hillary la que tuviera que mostrarse mucho más progresista de lo que previsiblemente es, por ejemplo en temas como la desigualdad salarial.

Gane quien gane, es probable que, después de irse a derecha e izquierda, respectivamente, los dos candidatos ganadores tengan que buscar el centro. Y tal vez ya no sea creíble, que es lo que preocupa en las cúpulas de sus partidos.