La jugada suicida de Kasich

El pasado domingo, el Presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, bajó a la realidad las esperanzas de muchos republicanos anti-Trump diciendo que es poco probable que un candidato nuevo, a pesar de contar con el apoyo de muchos de los líderes del partido, pudiera arrebatarle la candidatura a un Donald Trump que cada día que pasa se acerca más y más a la convención republicana de Cleveland como casi seguro ganador. En palabras de Priebus: “Es muy tarde para que un candidato independiente sirva de alternativa conservadora para los republicanos […] Algunas personas encuentran esto interesante, y está bien pero la verdad es que es poco probable que pase, es demasiado tarde y no hay una respuesta definitiva sobre quién va a ser el nominado de nuestro partido”. Es decir, tres grandes problemas para el GOP: improbable, llega tarde y no tienen alternativa. Priebus incluso avanza un cuarto: otro candidato podría hacer perder las elecciones de noviembre.

No obstante, varios estrategas y altos cargos del GOP insisten en la opción de un nuevo candidato republicano que reciba todo su apoyo en la búsqueda por la Casa Blanca. Algunos de los nombres que se están teniendo en cuenta son Tom Coburn y Rick Perry.

Mientras tanto, Cruz se sigue viendo como la única alternativa a Trump. Y tiene razón. Sólo tiene 263 delegados menos: Trump 673 y Cruz 410. Son muchos a estas alturas, pero no tantos si el candidato consiguiera el resto de votos republicanos que antes iban a Rubio, o al resto de candidatos retirados ya de la contienda electoral. De eso se trata, Cruz quiere convertirse aún más gráficamente en la alternativa a Trump, y eso significa, por un lado, convencer a su partido que lo es y, por otro, criticar a Kasich, el candidato que queda.

La primera acción ya la intenta. Sin embargo, Cruz está muy mal visto por su partido y, especialmente, por sus altos cargos, a quien incluso llegó a insultar: ha llamado mentiroso al líder de la mayoría conservadora en el Senado, Mitch McConnell, a quien acusó de traidor en su último libro, ‘A Time for Truth’. Y asevera que los jefes republicanos actuales son “los líderes demócratas más efectivos que se ha visto nunca”. En el artículo de El Confidencial donde se hablaba de ello, el titular es “El hombre más detestado de América”. Así, es complicado erigirse en la alternativa. Si el ala moderada de los republicanos odia a Trump busca a alguien con posibilidades, para poder apoyarle. Al ser Cruz, esos apoyos no están tan seguros.

La segunda acción de Cruz es atacar a Kasich para buscar el voto moderado. De hecho, ya lo ha hecho los dos últimos días. En vez de atacar a Trump, ahora Cruz ataca al gobernador de Ohio, al que acusa de no hacer nada en la campaña y de dividir el voto anti-Trump. Hasta ahora Kasich ha ganado en un solo estado -el suyo- en estas primarias y aunque que ganara el resto de delegados en juego -que es imposible-, jamás derrotaría a Trump, entonces ¿por qué no dejarle el camino libre a Cruz para que todos los republicanos anti-Trump tengan una alternativa realmente viable para la convención?

Todos se preguntan qué hace Kasich, pues, sin posibilidades y aun en campaña. La razón es simple. Sabe que no puede ganar, que es imposible, pero quiere seguir en la lucha para llegar como candidato a la convención republicana de Cleveland en julio. Si llegara como tercer candidato, o incluso como segundo (muy improbable), en una convención donde milagrosamente Donald Trump no tuviera mayoría de delegados, entonces y solo entonces, Kasich podría tener una oportunidad. Tanto para conseguir los delegados de los candidatos retirados, como para que el establishment del partido le escoja a él, como mal menor, ante la disyuntiva de tener que escoger entre Trump o Cruz.

Sea como sea, que el escogido finalmente por el GOP sea un candidato ya perdedor incluso en las primarias, parece improbable. Pero sí que podría sonar como candidato a vicepresidente. Kasich sabe que lo tiene casi imposible, pero sigue ahí, haciendo tiempo.