Trump: el Ernest Hemingway de los 140 caracteres

A Donald Trump, ahora mismo máximo favorito republicano para ser candidato a la Presidencia, no hay quien le pare. Está constantemente en boca de todos, y en los medios de comunicación; pero, si lo está, es gracias especialmente a las redes sociales. Trump tiene 6.295.000 seguidores. Sólo Hillary está cerca de él, con 5.457.000. El resto tiene aproximadamente hasta 5 veces menos seguidores (Cruz 835.000, Rubio 1.198.000…).

El candidato sabe perfectamente cómo usar la Red para dar a conocer su mensaje y que llegue, directamente desde Twitter o desde un vídeo colgado en Instagram, a todos los medios. Y, de ahí, al gran público. No necesita gastar dinero en anuncios porque los medios ya hablan de él y de su mensaje, y porque sus seguidores ya ven, casi en directo, lo que él dice o piensa. Sobre su talento para los medios sociales, el propio Trump dijo una vez que «el poder de Internet es grande. Es como ser dueño de un periódico pero sin las pérdidas que comporta». Por supuesto, también se vanagloria de su lucidez al escribir, autodenominándose «el Ernest Hemingway de los 140 caracteres».

Pero, ¿cuál es su secreto? ¿Qué hace mejor que el resto de candidatos? Las razones son varias, pero destacaría su credibilidad. Es él quien escribe siempre sus propios tuits. Lo hace sobre todo por la noche, cuando su equipo de comunicación se ha ido ya a casa. Eso, que debería ser una pesadilla para cualquier equipo de campaña, es uno de los rasgos característicos de Trump. Le encanta hacerlo. Y no sólo expone sus mensajes e ideas, sino que también responde a sus fans de modo amable (y, a veces, no tanto a sus detractores). Del mismo modo, habla de su familia y responde y dialoga sin miedo con grandes celebridades. Leer su Twitter significa ver comunicación directa con el candidato, no marketing. Ello dota a sus tuits de algo más realista que lo que tienen sus adversarios, con mensajes preparadísimos y seguramente analizados con tiempo (por no decir que los candidatos probablemente ni saben qué se ha escrito por ellos en sus redes sociales).

Twitter de Donald Trump

La persona que maneja sus redes sociales es Justin McConney, un joven de 29 años, que trabaja con él desde febrero de 2011 (cuando Trump tenía 300.000 seguidores en Twitter). Fue él quien le convenció para hacer el Ice Bucket Challenge (consiguiendo 1,3 millones de visitas en YouTube y numerosos titulares) y quien le ayudó a aumentar espectacularmente sus seguidores tanto en Twitter como en Facebook.

En una entrevista de hace unos meses, McConney explicaba cómo proceden:

  1. Videoblog de diferentes temas del momento, muy cortos, sólo de él hablando frente a la cámara (a veces también grita). Salen baratísimos (gratuitos) y tienen muchísima difusión.
  2. Muchos tuits durante el día. Cada día piensan en los temas importantes y deciden. Pero es el candidato quien lo hace.
  3. Todo lo que se graba de él, se guarda en una «biblioteca» para utilizarlo en el futuro (y se graba casi todo lo que hace).
  4. Tuits en directo usando los temas que son trending topic y donde Trump está. Por ejemplo, los Oscar. Es así como se convierte en el protagonista de estos grandes eventos.
  5. En Instagram se postean cosas fuera de los focos, personales. También las cosas más divertidas, incluyendo vídeos de campaña negativa contra sus adversarios. Todo hecho rápidamente y sin gastar casi dinero en ellos.
  6. También utilizan Periscope y Facebook Live.
  7. Es el propio Trump quien tuitea, de ahí la autenticidad.

La autenticidad y la respuesta rápida son su secreto. Tiene muchísimo dinero, sí, pero casi no lo gasta en el tema online. No le hace falta por ahora. Él solo se basta. Como indica McConney: «Las dos cosas más importantes para una celebridad en los medios sociales son ser auténtico y dar a sus fans lo que quieren». En realidad, él sólo edita, o casi.