Groenlandia (y 6). Pero, ¿dónde está el Mediterráneo?

Le llaman mar, como al Mediterráneo, pero es evidente que el Ártico que rodea a Groenlandia no tiene nada que ver con un mar plácido, con calas, playas, pinos y rocas donde la gente se tumba a tomar el sol, o con una agua en la que es un placer darse un baño. Aquí, te levantas por la mañana y te encuentras con un mar de un color gris metálico y 3 grados de temperatura. Brrr! Y exclamas: “Vaya, vaya, aquí no hay playa…”

Se comprende con un tiempecillo como el de la foto, con nubarrones negros, icebergs y una costa desierta y helada, lo último que te apetece es darte un baño. Pero hay que aceptar que, por otro lado, este mar tiene momentos de gran encanto, con espectaculares paisajes que parecen surgidos de la imaginación de un romántico aleman; del sector torturado, por supuesto.

Y cuando esto ocurre, te reafirmas en que el viaje a Groenlandia, que hoy llega a su fin, ha valido mucho la pena, aunque por momentos, navegando entre la niebla y la oscuridad, la silueta del Fram, barco de nombre mítico, parezca mas bien la de un buque fantasma que se aventura entre el hielo en busca de una aventura cada vez más difícil.

Y así hasta la próximo viaje. Bye, Bye, Greenland! Adiós icebergs, hasta pronto paisajes árticos.