La Alaska de “Into the Wild”

Desde la ventana de mi habitación, en un Bed & Breakfast de Trapper Creek, Alaska, se ve un extenso campo nevado y, al fondo, dominando el paisaje, los 6.194 metros del McKinley, la montaña más alta de Norteamérica, que al amanecer se tiñe de un rosa místico.
Alrededor de la gran montaña se extiende un impresionante conjunto de picos, glaciares, valles, cascadas, ríos, arroyos, lagos y lugares maravillosos que forman parte de los 5.430 kilómetros cuadrados del Parque Nacional de Denali, donde se puede disfrutar de la Naturaleza en mayúsculas. Wilderness, lo llaman los norteamericanos.
La atracción de la Wilderness siempre ha existido, pero se ha acentuado en los últimos años. Son muchos los jóvenes que acuden a Alaska, la Última Frontera, como si acudieran a la Tierra Prometida. Vienen para fundirse con la Naturaleza, para dejar atrás el mal rollo de la civilización. El mejor ejemplo de esta idealización de lo salvaje es Chris McCandless, el joven protagonista de Into the Wild, excelente libro de John Krakauer llevado al cine por Sean Penn. Quemó su dinero, cambió su nombre por el de Alex Supertramp y en 1992 se fue a Alaska para vivir “into the wild”. Iba mal preparado y con pocos alimentos, por lo que resistió poco más de cien días antes de morir de hambre a los pies del McKinley, una pico atractivo a cualquier hora del día.
En lugares remotos de Alaska me cruzo esos días con jóvenes de mirada perdida que aspiran a ser uno con la Naturaleza. Suelen llevar en la mochila un libro de Jack London que dejan sobre la mesa del bar como si fuera un manifiesto. Se les nota asustados ante la dureza del invierno alaskiano, pero no por ello piensan renunciar a la wilderness. Uno de ellos, sin embargo, me confesó en un bar de Talkeetna, el pueblo que inspiró la serie Doctor en Alaska, que, vista la dimensión del frío, pensaba regresar a casa cuanto antes. “Pero lo volveré a intentar el próximo verano”, concluyó, desafiante, dejando claro que nunca es fácil sacarse de la cabeza la última frontera, la oportunidad de iniciar una nueva vida en la wilderness de Alaska.