La vuelta al mundo de Agatha Christie

Dar la vuelta al mundo se ha puesto de moda. Lo de viajar a un país lejano, por muy exótico que sea, ya no se lleva. O das la vuelta al mundo unas cuantas veces o eres un pringao. Son las cosas del mundo moderno, donde todo parece impulsarte a viajes cada vez más largos y lejanos. Estoy seguro que esta Semana Santa más de uno se plantea dar la vuelta al mundo. “Sumando los días de libranza acumulandos, y teniendo en cuenta que lo de los 80 días está sobrevalorado, podría ser que…” Es probable que los números salgan (otra cosa es que te enteres de algo), pero yo prefiero quedarme en casa leyendo. En esos días hay demasiada gente dando la vuelta al mundo… Cojo un libro al azar, la autobiografía de Agatha Christie, una autora que dio la vuelta al mundo en los años veinte del siglo XX, y leo: “Dar la vuelta al mundo ha sido una de las cosas más emocionantes que me han sucedido”. Unos años después, sin embargo, añadía: “Ahora resulta difícil comprender esta sensación. Los cruceros y los viajes al extranjero son, hoy día, algo rutinario. Se organizan a precios increíblemente baratos y casi todo el mundo puede realizarlos”.

Si ella, la Reina del misterio, lo veía así hace muuuchos años, ¿qué será ahora la vuelta al mundo? Y ahí va otra reflexión de doña Agatha escrita durante su viaje alrededor del globo: “La vida es realmente como un barco, esto es, como el interior de un barco. Tiene compartimentos estancos. Sales de uno, cierras y te encuentras en otro. Mi vida, desde el día que zarpamos de Southampton hasta el que regresamos a Inglaterra, fue uno de esos compartimientos. Desde entonces siempre he sentido lo mismo sobre los viajes. Sales de una vida y te metes en otra. Eres tú misma, pero a la vez diferente. La vida corriente está presa en el entramado de cientos de telarañas y filamentos que te encierran en la vida doméstica de todos los días (…). La vida viajera, en cambio, tiene la esencia de un sueño”.

Pues tiene razón la gran Agatha: los viajes son más o menos así… siempre que no te empeñes en dar varias vueltas al mundo para demostrar que eres más viajado que nadie.