Punakha, el shangri-la de Bután

Cuando llegas al valle de Punakha, a unos 1.800 metros de altura, entiendes porque a Bután lo llaman “el nuevo Shangri-la”. Hay algo mágico en este extenso valle lleno de templos, monasterios y campos de arroz, con un ancho río, casas rematadas con madera pintada, banderolas budistas y el impresionante dzong, mitad monasterio, mitad centro administrativo, que ejerce de capital de invierno.
IMG_8548Visto desde fuera, el dzong de Punakha impresiona. Está situado en la confluencia de dos ríos que bajan de las cumbres del Himalaya. Cuando cae la tarde y la luz va cambiando, no te cansas de mirarlo. Tiene aspecto de fortaleza, de Potala, de lugar sagrado. Data del siglo XVII, ha sido destruido varias veces por el fuego y por las inundaciones, pero siempre ha renacido de sus cenizas.
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La entrada en el dzong, por unas escaleras empinadas, te transmite algo parecido a una ceremonia de iniciación que se confirma con los grandes molinos de oración, los mandalas, los distintos patios y templos y los lamas que caminan ensimismados, como si vivieran en otro mundo.